19 Enero -25 Enero
Recuerdo mi época de instituto con cariño, añoranza y pasión. Fueron años duros, años divertidos, años responsables e irresponsables, años complicados, años fáciles pero sobre todo años de cambio, de crecimiento y maduración personal.
Ahora las puertas del instituto se abren de nuevo ante mí, y, años después, siguen significando cambios, aprendizaje, nuevas experiencias y nuevos retos. Todos mis recuerdos en el instituto eran como estudiante y, desde ahora, serán como educadora.
Aunque me encuentro en un instituto nuevo y extraño para mí, todo lo que veo y siento allí me resulta muy familiar. El ajetreo, los libros, los miles de adolescentes, los exámenes, deberes, pizarras, tizas... todo es familiar pero ahora lo veo desde otra perspectiva.
El instituto Jaime de Sant-Ángel, en Redován, nos acogió y nos abrió las puertas al futuro. Aunque no es un instituto muy grande, cuenta con profesionales apasionados que luchan cada día con ilusión por un futuro mejor. El primer día nos acogió la coordinadora, nos explicó el funcionamiento del centro, nos lo enseñó con la esperanza de que no la primera semana no andáramos muy perdidos. Nos presentaron al conserje, el director y todas las personas que nos van a acompañar en este maravilloso proceso de aprendizaje. Seguidamente llegaron ellos, a los que tantísimo habíamos esperado, nuestros mentores, los tutores de nuestras prácticas. Nos recibieron entre una incontable cantidad de palabras de acogida. Nos explicaron bien en qué punto concreto se encontraban las clases de las que íbamos a formar parte. Nos enseñaron los departamentos, libros, materiales y herramientas a nuestro alcance y nos hicieron sentir como en casa.
Los dos primeros días me dediqué a observar con cuidado y detalle a mi tutora, Alicia. Me enseñó cómo funcionaban las hojas de asistencia, los partes disciplinarios, los libros, las normas de clase, todo. Me aconsejó las mejores formas de tratar con cada clase según los alumnos que en ella hubieran, Me explicó las diferencias entre los diferentes alumnos, sus diferentes necesidades educativas y cómo debía manejarme con todos ellos. Vimos algunos casos de desfase curricular y cómo podíamos nosotras ayudar a estos alumnos como profesoras suyas.
En mi primer día asistí a una clase de primero y segundo de ESO así como a una de Bachiller. También hice una guardia y supe lo difícil que puede llegar a ser lidiar con una clase cuyo profesor no ha podido asistir sea por el motivo que sea.
Los días posteriores de la semana transcurrieron de la misma forma, asistí a las clases que Alicia tenía observando muy bien para a la próxima semana poder impartir clases por mí misma. También aprendí a corregir exámenes y asignar notas, así como a justificar faltas de asistencia en el caso de ser tutora de una clase. Estoy aprendiendo muchísimo de una forma que nunca podría haber imaginado. Puedo afirmar que me siento totalmente integrada en el centro y vivo cada día como una experiencia única y maravillosa. No puedo esperar para ver lo que me deparan las próximas semanas.
Mucho ánimo teacher, no hay nada mejor para un profesor que aprender en el aula. Nútrete de cada experiencia, de cada clase. Una persona muy sabia dijo una vez "De mis profesores he aprendido mucho, de mis alumnos, muchísimo más"
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